Fundamentos

Momentos Didácticos

Para lograr un aprendizaje significativo, de modo tal que la experiencia de conocer sea totalmente idiosincrática, la Educación Personalizada considera la necesidad de una clara estructuración del espacio y del tiempo. Es así que contempla un ambiente ordenado, un mobiliario simple y bien distribuido, materiales de trabajo estimulantes y decoración con un sentido pedagógico.
El tiempo se organiza en los llamados momentos didácticos que son cinco:

1. Círculo o Acogida: Su fundamento es el amor entre los que comparten juntos muchas horas del día. Es la instancia al inicio de la jornada y corresponde al primer encuentro del día entre el niño o niña con su profesor jefe y con sus compañeros. Puede ser un momento de gran afectividad, donde el profesor recibe a sus alumnos, acogiéndolos como personas y como grupo. Es el momento de la oración, de hacer las peticiones, de dar gracias, de que el grupo apoye al que está afligido, de pedir perdón y de perdonar.

También es la ocasión para revisar situaciones inapropiadas, donde el profesor da las directrices y la guía pertinente. El Círculo puede ser una instancia de gran potencial formador en el desarrollo emocional y de la personalidad de los alumnos, pues allí se aprende que las dificultades son más simples si se comparten, que muchos en el grupo han tenido o tienen problemas similares, que los conflictos hay que enfrentarlos, que es necesario actuar con la verdad y además, que se pueden resolver más fácilmente si es que se conversan. Se trata de un aprendizaje invaluable en la relación con los demás y que puede ser una sólida garantía de bienestar psicológico, pues les permitirá saber cómo salir de los momentos difíciles para lograr alcanzar una vida con muchos momentos felices.

2. Trabajo Personal: Su objetivo es ayudar al niño a progresar y a participar en su propio aprendizaje. Así, deja de ser espectador pasivo para convertirse en un protagonista, con su ser entero puesto en la acción de aprender.
El profesor es un facilitador que ayuda a que el niño saque de su interior todo lo que tiene, a través de unos instrumentos de trabajo y de una organización, con el propósito de que cada alumno sea un elemento vivo, llamado a tener iniciativas. Al profesor le corresponde disponer que todas las actividades que él o ella realizan, sean personales, es decir, hechas por cada uno en forma responsable, pero al mismo tiempo con un sentido comunitario, en el interior del grupo, pequeño o grande, según las circunstancias.

3.  Puesta en Común: Es la oportunidad en que cada uno de los alumnos interviene, participa y comunica el fruto de sus investigaciones y esfuerzos. En ella, la acción personal enriquece al grupo y lo comunitario enriquece lo personal. El alumno puede expresarse y ser escuchado atentamente, por eso, debe esforzarse en ser claro y conciso, sincero y respetuoso de los demás, responsable de sus palabras y orgulloso de sus propias ideas.
Existe una complementación entre el trabajo personal y la puesta en común: todo trabajo de investigación debe desembocar en una socialización del propio trabajo.
Debe ser una situación agradable y llena de interés, donde el alumno aprende a escuchar y recibe de sus compañeros experiencias ricas para el desarrollo de sus aprendizajes y su personalidad. Lo que el niño ha descubierto y aprendido por él mismo, lo motiva espontáneamente a comentar su descubrimiento, a intercambiar con los demás.

4. Toma de Conciencia o Metacognición: Es una interacción que se establece entre:
•    el alumno y el programa de aprendizaje
•    el profesor y sus alumnos
•    el alumno y sus compañeros
•    el programa y lo aprendido

La actitud que asume el profesor es la de incitar y promover la metacognición, con el propósito de que el alumno sea capaz de reflexionar sobre sus propios procesos de pensamiento, que es lo que ocurre cuando se pregunta: qué aprendí, cómo aprendí, con qué, para qué. Es, en parte, en la respuesta a estas interrogantes que se consigue mejorar la calidad del pensamiento, para obtener aprendizajes más profundos, significativos y duraderos. También es necesario que conozca sus procesos de pensamiento ya que, a mayor conciencia de sus propios procesos, mayor nivel de autonomía personal. Así, selecciona aquellos procesos que le permiten resolver exitosamente los problemas y desecha los que no le sirven. También puede compararlos con los de los demás y aprender de la interacción con ellos.

6. Normalización: Se refiere a hacer las cosas como deben ser hechas, normalmente. Requiere que el ambiente físico esté apropiadamente dispuesto para el trabajo. Desde el punto de vista del alumno, es el camino para que ejercite sus capacidades corporales y psíquicas, o sea, pueda desenvolverse en un equilibrio entre ambos aspectos. Es un aprendizaje de hábitos que tiene como fin el logro de una responsabilidad personal y también social.
El aprendizaje auténtico contempla una serie sistemática y continuada de esfuerzos. Se requiere primero, que el alumno tome conciencia de sí mismo, de su medio y de las cosas, y aprenda a hacer uso de ellas de manera armónica y agradable. En segundo lugar, que se pregunte a sí mismo cómo hacer las cosas y se exija hacerlas de un modo adecuado. Hoy más que nunca se impone una pedagogía de la serenidad, que ayude a los alumnos a una interiorización, a encontrarse consigo mismos para también encontrarse con los demás. Por esta razón es importante el silencio que apacigua e invita a la reflexión y a la concentración. Para lograr la normalización se usa también la psicomotricidad, una acción pedagógica a través de la cual el niño conoce su cuerpo, toma conciencia de su yo, de sus posibilidades y de sus limitaciones. Gracias a ella el alumno puede llegar también a descubrir sus posibilidades intelectuales.